miércoles, 4 de octubre de 2017

Reflexión sobre el Arribismo y los Valores

Hace relativamente poco tiempo me encontraba re-leyendo un capítulo del libro de Pilar Jericó titulado “No Miedo”, y llegó a mi vista el vocablo arribismo, el cual, debo reconocer, desconocía en primera impresión su significado con exactitud, aunque el contexto del párrafo me arrojaba cierta luz a su sentido. Busqué en el diccionario de la RAE su significado y decía tal que así: “comportamiento habitual del arribista”, y de este último, el arribista, decía: “persona que progresa en la vida por medios rápidos y sin escrúpulos”. Automáticamente vino a mi pensamiento la imagen de algún conocido, compañero, al que bien podría aplicar con total acierto tal definición, y me quedé reflexionando sobre qué mueve a una persona a progresar de un modo arribista, tanto en el ámbito profesional, como en el ámbito personal, aunque este último se relaciona más con la adquisición de un nivel de vida que, por lo general, se confunde bastante con: “el qué dirán los demás”, y está íntimamente vinculado a lo material, confundiendo de costumbre el progreso de la persona en su vida, con la tenencia de cosas y la economía de la que disponga. A partir de esta afirmación, podemos comenzar escudriñando la misma diciendo que la diferencia, en primera instancia, entre progresar en la vida de un modo arribista o no arribista, depende de la moral que cada persona tiene.

Profundicemos pues. La respuesta que me di a mí mismo de forma casi automática cuando leí las definiciones del vocablo que he trascrito más arriba fue: pues si el arribismo hace referencia a la conducta del arribista, quiere decir que el comportamiento y, por ende, la manera de pensar, es lo que define a la personalidad arribista. Por tanto, concluí que las acciones, las conductas y los pensamientos, es decir, los hechos y dichos que tiene cada persona a lo largo de su trayectoria profesional y personal, serían los indicadores que definirían si una persona ha progresado en su vida y en su trabajo de manera arribista, es decir, sin escrúpulos, o, por el contrario, ha progresado y ascendido de forma escrupulosa, con conciencia moral, respeto y lealtad. De esta manera nos embarcamos de lleno en lo que nos diferencia a la hora de actuar, pensar, sentir y valorar: LOS VALORES.

El término “valor” proviene de la palabra latina “valere”, que significa “fuerza”, “ser fuerte”. Por tanto, podemos entender los valores como el conjunto de fuerzas que tenemos en nuestro interior (convicciones) para decidir, preferir y dirigir nuestra conducta, nuestras acciones o nuestros pensamientos en una dirección concreta y no en otra. Hay una gran amalgama de valores que se agrupan bajo clasificaciones ya consolidadas como son: los valores Universales (libertad, respeto, honestidad, igualdad, justicia, amor, verdad, paz, amistad, bondad, responsabilidad, valentía, honor), Preferenciales (elección de uno sobre otro al que doy menos valor que al primero), Instrumentales (se valora como medio para lograr un fin), Terminales (valor a unos estados finales de existencia concretos), Morales (relacionado con las acciones y comportamientos correctos o incorrectos), Socio-Culturales, Familiares, Espirituales, Materiales y Organizacionales. Dentro de cada categoría podemos precisar un sinfín de valores que definen la escala de valores que tendrá cada ser humano, la cual se conformará en función de la educación recibida, del contexto socio-cultural en el que se ha desarrollado, de la familia en la que se ha criado, de las amistades que ha tenido, de las experiencias que ha vivido, de los modelos que haya incorporado y de los referentes que hayan marcado su vida. Esta escala de valores no es del todo rígida, pues el peso que cada persona da a cada valor a lo largo de su vida puede variar en función de los mismos elementos por los que fueron asimilados e instaurados, teniendo en cuenta que el paso del tiempo y la madurez hacen menos voluble esta variación, puesto que la experiencia vivida y la madurez adquirida afianzan las convicciones y definen y fortalecen nuestros valores.  

Uno de mis textos preferidos de Ortega y Gasset, comienza diciendo en su capítulo primero, si mal no recuerdo: “las ideas se tienen, en las creencias se está”, una frase magistral que desarrolla el autor reflexionando sobre la necesidad de reparar en las ideas cuando las creencias se nos tambalean. En mi opinión, ocurre algo muy semejante con los valores, y me atrevería hacer una modificación de la sentencia de Ortega diciendo: “no es lo mismo la idea que tenemos sobre nuestros valores, que la creencia en los valores sobre los que estamos”. Cuando creemos en determinados valores, éstos se encuentran instaurados en la persona y se materializan en las actitudes, las conductas y los pensamientos que tenemos.


Por tanto, lo que define y diferencia a un arribista frente a un altruista, son sus valores, y volviendo al objeto de este post, que no era otro que responder a la pregunta sobre  lo que mueve a una persona a comportarse de manera arribista, es decir, a intentar progresar en la vida y en el trabajo por medios rápidos y sin escrúpulos, sin conciencia y sin importarle si lo que hace es bueno o es malo para alguien, sin dudar si se debe hacer algo o no desde un punto de vista moral, actuando sin ética ni moralidad, sin tener en cuenta los perjuicios que ocasiona al prójimo, etc.,  podemos entonces concluir que esta forma de ser y actuar que se acaba de describir, viene marcada por la predominancia, según mi opinión, de una serie de valores concretos que definen a un tipo de personalidad determinada, y que podemos precisar de la siguiente forma: se trata una persona advenediza, llegad@ a una posición o lugar con pretensiones desmedidas, por lo tanto, con poca objetividad y realismo, una persona oportunista, que aprovecha cualquier circunstancia, comentario o situación para conseguir algo o lograr un ascenso sin medir las consecuencias de su aprovechamiento, una persona con ambición desmedida, trepador sin escrúpulos, de un egoísmo extremo, pues carece de absoluta empatía al no sentir el más mínimo afecto por el prójimo, lo que le permite engañar, lucubrar, falsear, contradecir sin llevar razón, dañar o herir a compañer@s para hacerlos más vulnerables y así sobresalir a toda costa y a todo coste con el fin de adquirir nuevas y pseudo-mejores posiciones, ya sea a nivel social o a nivel empresarial u organizacional. Una persona carente de honestidad, tanto consigo misma como con los demás, carente de humildad, puesto que en su fondo yace una soberbia desmedida en convivencia con una pedantería desbocada, una persona sin integridad ni valentía, puesto que no es capaz de enfrentarse a todo aquello que corrompa su humanidad con el fin de progresar sin miramiento ni escrúpulo alguno.  

En definitiva, una persona que carece de generosidad y caridad, pues no se encuentra entre sus motivaciones internas la entrega y ayuda a los demás, careciendo del mínimo sentido filantrópico que tienen las personas altruistas, más al contrario, a este tipo de personalidad arribista le motiva el sometimiento porque necesitan sentir que tienen el control, y cuando no es así, se sienten inseguros e inquietos, porque la base de la personalidad arribista la compone una grandísima inseguridad personal-profesional y un sinfín de complejos personales, y es que en su fondo, en su más profundo ego, no hay más que una personalidad acomplejada incapaz de reconocer que padece de ese acomplejamiento e incapaz de afrontarlo con valentía y responsabilidad para poder así iniciar un proceso de cambio que le ayude a progresar en su vida personal y profesional con honestidad, flexibilidad, humildad, integridad, respeto, humanidad, valentía creatividad, realismo, coherencia, paciencia, sinceridad, inspiración, apertura a los demás, compromiso, sentido del humor, generosidad, empatía, pasión, ética y moralidad, justicia, equidad, tolerancia, solidaridad, lealtad y con la VERDAD como bastión de vida. 

jueves, 1 de junio de 2017

Reflexión sobre la Soledad

Hay en torno a la soledad una amplia gama de opiniones diversas que me motivan a poner mi granito de arena sobre dicha cuestión. La soledad es un concepto que admite dos opiniones contrarias y que es común escuchar en las conversaciones con amig@s; una tiene un carácter beneficioso, y la otra, perjudicial. La opinión beneficiosa es cuando las personas asocian la soledad a una búsqueda personal, es decir, hay una voluntad, una motivación y una necesidad de estar o encontrarse así mism@ en soledad. La opinión perjudicial es aquella en la cual la soledad es impuesta y no buscada. Esta opinión generalizada se puede matizar bastante, ya que el hecho de ser o no impuesta depende mucho de un@ mism@, pues la soledad, en mi opinión, está relacionada más con un sentimiento personal que con una ausencia física real, y en este sentido, se podría plantear si la soledad es o no, racional y real. Pero sigamos pensando y reflexionando un poco más sobre ella.

Es curioso que, tal y como hemos dicho antes, en el decir de las personas, la soledad tenga una connotación positiva-beneficiosa, pues es sabido desde hace miles de años que el ser humano es un ser social, que necesita formar parte de una colectividad en la que colaborar y cooperar en beneficio de la comunidad, y que tiene por necesidad la aceptación de sus congéneres en un grupo social concreto donde sentirse parte del todo. Si todo esto que es sabido es necesario, ¿por qué la soledad es buena y beneficiosa para los seres humanos?esa soledad de la que hablábamos que era buscada y en cierta manera necesaria. Un esclarecimiento de esta cuestión nos lo aporta la RAE, que define la soledad con dos acepciones; la primera como "circunstancia de estar solo o sin compañía", y la segunda, como "sentimiento de tristeza o melancolía que se tiene por la falta, ausencia o muerte de una persona". Estas dos acepciones ponen de manifiesto dos ideas, la primera es que la soledad tiene un componente físico, y la segunda, que tiene un componente psicológico (sentimiento ante la falta). Dicho esto podemos profundizar aún más y comenzar a resolver la duda que se planteaba sobre la connotación o aportación positiva y beneficiosa que tiene la soledad.

Desde el nacimiento, el recién nacido pasa de una fase de indiferenciación a otra de diferenciación, del no-yo al yo, y durante los años de la infancia lleva a cabo un proceso de separación gradual que consiste en el binomio cercanía-lejanía, pero en el que su grado de dependencia es muy elevado aún. En la adolescencia, este binomio sigue estando y se acentúa de manera exponencial debido principalmente a dos crisis muy acentuadas; la de la identidad y la de la autonomía. En esta fase hay una aparente búsqueda de soledad, pero es ficticia, pues en el fondo no hay etapa en la que haya más necesidad de aceptación grupal y reconocimiento, en la que se viva con mayor intensidad de emociones fugaces las relaciones entre iguales. Es una ficticia soledad porque hay una elevada dependencia emocional al grupo de amistades, sea de forma física o tecnológica. Ya en la edad adulta, cuando se es capaz de romper en la medida de lo posible el cordón umbilical, es cuando las vivencias y la maduración nos capacitan para experimentar y vivir las verdaderas connotaciones de la soledad, sin buscar excusas de la falta de tiempo por los quehaceres diarios, que de seguro muchas personas pensarán que le es imposible tener un minuto para ello. Que sea el lector/a quien valore en función de sus circunstancias particulares tal apreciación.

Llegados a este punto, podemos pensar que la soledad está teñida de una larga historia en la que prejuicios en torno a ella no le faltan, y es justamente aquellas personas prejuiciosas quienes más necesitan saber estar consigo mismas, quienes carecen de una verdadera seguridad personal, quienes se sienten vacías al estar solos porque no han convivido ni se han trabajado interiormente, quienes necesitan la aceptación de los demás porque no saben valerse por sí mismas, quienes tienen miedo a la soledad y también a la libertad, porque viven encadenados a la necesidad impuesta e irreal. El auténtico conocimiento es el que hace uno de sí mismo y consigo mismo, superando los temores, los miedos a la soledad que no son más que los miedos primarios a la falta, a la ausencia del "otro". Esta superación  de miedos y temores nos aporta confianza, seguridad y fortaleza.

Salvando las diferencias y atendiendo a la realidad del autor y a su misantropía, transcribo un párrafo del libro de Arthur Schopenhauer "Aforismos sobre el arte de saber vivir", en el que, desde mi punto de vista, sintetiza de manera magistral lo expuesto en este post sobre la soledad. El texto dice así:

"Cada cual sólo puede ser enteramente él mismo cuando está solo. Por eso, quien no ama la soledad tampoco ama la libertad, pues únicamente se es libre cuando se está solo, ya que la obligación es la compañera inseparable de toda compañía, pues exige sacrificios que nos parecerán mucho más duros cuanto más significativa sea nuestra propia individualidad. Por consiguiente, cada cual huirá de la soledad, la sobrellevará o la amará según sea la medida exacta del valor de su propia individualidad. En efecto, en soledad siente el miserable su íntima miseria, y su grandeza, el gran espíritu; cada cual se siente en ella tal y como es"

Cada persona se siente en soledad tal cual es. Practiquemos la soledad y descubrámonos.


jueves, 27 de abril de 2017

Reflexión sobre la Actitud

Un gran amigo mío me diría: "es una cuestión de actitud", y sí, "la actitud es más importante que la aptitud", decía Churchill. Pero la actitud es muy variante y está muy relacionada con las circunstancias que nos rodean y con la manera en la que cada persona afronta dichas circunstancias. Por tanto, cómo podemos controlar aquello que nos afecta e influye y condiciona nuestra propia actitud, la cual podemos definir como la manera en la que nos mostramos a los demás, la forma en la que nos relacionamos con nosotros mismos y la imagen que transmitimos al exterior. 
Desde mi punto de vista y mi experiencia, la respuesta se encuentra en el conocimiento y en el grado de conciencia y vivencia que se haya tenido sobre la relación existente entre la actitud, el estado de ánimo y las circunstancias acontecidas en la vida. Si somos conscientes de que la actitud es una cuestión de elección personal, y que la actitud que decidamos tener en una circunstancia determinada condiciona y modifica nuestro estado de ánimo, podemos concretar que el estado anímico que nos generan las circunstancias creadas y advenidas, está condicionado por la actitud que hayamos elegido tener. Esta afirmación la sintetiza magistralmente Ortega y Gasset en su aforismo "las circunstancias condicionan pero no determinan", el cual refleja el papel activo del ser humano ante sus circunstancias, dándole la libertad de decidir si la circunstancia que vive le determina o sólo le condiciona. Por ello, continúa Ortega con otra fórmula que complementa la anterior y que hace referencia a que "el vivir de cada cual es igual a su circunstancia más las decisiones que toma en ella", es decir, que la vida de cada ser humano es igual a la actitud con la que decida afrontar sus circunstancias, de ahí que Ortega culmine con su sentencia más conocida de "yo soy yo y mis circunstancias, y si no la salvo a ella, no me salvo yo", en la que expresa que el "yo" tiene capacidad de elección sobre la circunstancia y, por tanto, puede elegir qué actitud adoptar.
Los valores, los aprendizajes, las experiencias, las motivaciones, las ilusiones, las gratificaciones, los deseos, etc., todos estos elementos están relacionados con la actitud, es decir, con nuestra manera particular de gestionarlos y decidir cómo queremos estar interiormente y cómo queremos mostrarnos hacia el exterior. Las actitudes varían en función del estilo de vida que por diferentes motivos se va adoptando. El hábito y la rutina estandarizan la actitud por la certidumbre, y es en la incertidumbre, ante lo desconocido y los imprevistos, donde emergen las actitudes más dispares, variopintas e ingeniosas.
Quiero cerrar este post con un precioso texto de Pablo Neruda en el que contrapone dos actitudes antagónicas de manera clara, precisa y concisa, y que dice así:

"Muere lentamente quien se trasforma en esclavo de los hábitos, quien no se arriesga, quien evita una pasión, quien no arriesga lo cierto por lo incierto, quien abandona antes de empezar, quien se queja de su mala suerte, quien no viaja, ni lee, quien no sueña ni persigue sueños, quien no confía, quien no lo intenta, quien no ama; lo contrario, es estar vivo".

viernes, 18 de noviembre de 2016

Testimonio de unos padres

Con el presente post pretendo transmitir una realidad, la materialización de un trabajo realizado con unos padres y con su hijo. Se transcribirá literalmente y sin atisbo de corrección o manipulación alguna, una carta dirigida por los padres de uno de nuestros alumnos al director del diario Sur de Málaga en agradecimiento a la labor realizada con su hijo en nuestro centro. Esta carta es una manifestación real de la experiencia de una familia que, ante la problemática que tenían con su hijo, se dirigieron al Colegio Unamuno buscando un proyecto educativo que diera solución a la situación de fracaso y falta de realización en la que se encontraba su hijo. 

Esta familia y muchas otras, depositaron su confianza en nuestro proyecto educativo, y como bien nos llevan manifestando los distintos padres que han emprendido su caminar con nosotros durante más de cuatro décadas, sienten y expresan una elevada gratitud por el trabajo realizado tanto con ellos como con sus hij@s. Durante el proceso, realizan un camino de trasformación, de cambio, de realización y de satisfacción, en el que dan cabida momentos de alegría, tristeza, frustración, esperanza y satisfacción. Se produce un re-descubrimiento de la forma de actuar y, en muchos casos, de la forma de ser frente al "otro" que es su hij@. 

Los padres son la clave del cambio de los hij@os, porque una palabra de ellos vale más que cien nuestras, porque el vínculo de unos padres con sus hij@s es la fuerza motriz que posibilita el cambio, porque los valores de los padres son los valores de los hij@s, y un pequeño cambio en los padres puede producir grandes cambios en el comportamiento de sus hij@s. Este es uno de los aspectos más importante del Proyecto Educativo que desarrollamos en el Colegio Unamuno. 

Si más dilación, se transcribe a continuación la carta emitida al director del diario Sur y publicada en el mismo que escribieron unos padres satisfechos del trabajo que realizamos con ellos y con su querido hijo.

CARTA AL DIRECTOR DEL DIARIO SUR 

A través de ésta, pretendemos compartir con otros padres nuestra experiencia con el Colegio Unamuno de Málaga, en el que nuestro segundo hijo ha cursado 2º de bachillerato y ha logrado superar, no sin esfuerzo por su parte, y por la de sus educadores, todas las asignaturas.

A principios de año, la situación era que nuestro hijo, pese a estar repitiendo segundo de bachiller en un centro concertado religioso de esta ciudad, los resultados del primer trimestre fueron totalmente insatisfactorios, encontrándose desmotivado, desilusionado y desconectado. Tras el período navideño, decidimos buscar una solución para evitar que se viese obligado a cursar por tercera vez un mismo curso.

Nuestro hijo, pese a los constantes mensajes de apoyo, la ayuda de profesores particulares y todo tipo de estímulos de los que creíamos que darían sus frutos, seguía en una actitud de desidia y desinterés, generándose situaciones conflictivas en el hogar.

Después de mucho consultar, unos amigos con una experiencia semejante, nos hablaron del Colegio Unamuno como Centro de Alto Rendimiento Educativo que se vuelca con los alumnos, tanto con los más motivados, como con aquellos otros que necesitan creer en sí mismos.

Solicitamos una entrevista con el Sr. Director D. Félix, contemplando la posibilidad por nuestra parte de cambiarle de colegio, aun cuando fuese a mitad de curso para que se volcasen en él de un modo más cercano. El Director aceptó el reto y nos pidió que dejásemos de presionarle sobre los estudios para evitar que la tarea del centro se viese distorsionada.

El curso en este nuevo centro lo empezó en enero de 2015 con una importante carencia de una base sólida, pues el año anterior y el primer trimestre de este nuevo año no había hecho absolutamente nada en el anterior centro educativo. Nosotros, como padres conscientes de la importancia de que nuestro hijo finalizase 2º de Bachillerato y de que adquiriese hábitos de estudio y esfuerzo, estábamos bastante desesperados, pero pronto vimos cómo empezaba a dar sus frutos y se producía un cambio de actitud frente a los temas académicos.

Ingresó en el centro en régimen de semi-internado con un horario de 8 de la mañana hasta las 19,30 de la tarde, pero transcurrido escasamente un mes nos pidió voluntariamente querer continuar en el centro en régimen de internado, pernoctando en el centro por considerar que de este modo podría centrarse más en los estudios para alcanzar los objetivos. Esta petición por su parte ya nos levantó el ánimo, pues indicaba que era consciente de sus necesidades y que empezaba a encontrar la solución.

Los escasos cinco meses (de enero a mayo) que quedaban hasta final de curso no fueron suficientes para lograr superar todas las asignatura en junio, pero se nos brindaba la posibilidad de un curso intensivo durante el verano en el cual continuaría con su formación y preparación para poder finalizar los estudios de bachillerato e incluso presentarse al examen de selectividad.

Ahora, a principios de septiembre nuestro hijo ha finalizado 2º de Bachiller y a nivel de autoestima es otra persona. Ha recuperado la confianza en sí mismo y se encuentra inmerso en el último esfuerzo para intentar aprobar el examen de selectividad.

Queremos agradecer al Colegio Unamuno, al Director, a los profesores de 2º de Bachiller, al departamento de orientación, y en general a todas las personas que se ocupan de forma compartida con nosotros de la educación de nuestro hijo, en una etapa tan difícil como esta, el que le hayan ayudado a conseguir sus objetivos y orientado y estimulado para ello, volcándose en la tarea docente y en el resto de los aspectos de su formación.

Hoy, tras el paso por el Colegio Unamuno de Málaga, nuestro hijo es una persona mucho más segura de sí mismo, con más confianza, ha recuperado la alegría y podrá continuar su formación con garantías de éxito.

lunes, 11 de abril de 2016

Colegio-Internado Unamuno: Segundo Hogar

El Internado del Colegio Unamuno es una referencia a nivel nacional en el ámbito de las residencias escolares. Cada año vienen a nuestro Colegio-Internado centenares de alumnos de secundaria y bachillerato para realizar un cambio en sus vidas, para adquirir hábitos de trabajo y rutinas diarias que le ayuden a realizarse en el plano personal y académico. La convivencia diaria les permite desarrollar habilidades sociales esenciales para la vida en sociedad. La distancia temporal del hogar familiar les aporta perspectiva, autonomía y un mayor grado de independencia y madurez, pues aprenden a valerse por sí mismos y a resolver y solucionar los problemas cotidianos que les acontecen. 
El internado, como elemento imprescindible de nuestro Proyecto Institucional, es considerado como un SEGUNDO HOGAR para los alumnos. Tanto es así, que todos los años recibimos la visita de multitud de ex-alumnos que vienen a visitarnos movidos por el sentimiento, por la añoranza, para recordar esos momentos que vivieron junto a sus tutores y educadores, momentos de emociones muy intensas que les quedaron grabadas y que agradecen con estima cuando terminan su paso por el Internado. La exigencia, el recogimiento, la convivencia, la amistad, la disciplina, el hábito, todos estos valores forman parte del trabajo que realizamos en nuestro Colegio-Internado Unamuno. 
Recientemente, el director del Internado, don Víctor Pérez, publicó en nuestra web una noticia sobre la reforma que estamos llevando a cabo en los pabellones de nuestro Internado, la cual transcribo a continuación añadiendo unas fotografías del resultado de la misma. Espero que os guste.

Noticia del director del Internado don Víctor Pérez:
"A inicios del presente Curso Escolar, y en el entorno de mejora continua en el que estamos inmersos, el Colegio Unamuno acometió la Reforma Integral de dos de los pabellones de nuestro Internado. 
En concreto afecta a 55 habitaciones, zonas comunes y Recepción del Internado. La obra está planificada en 3 fases y contempla su finalización para el próximo mes de Junio. Hasta la fecha se van cumpliendo con los plazos establecidos y ya se ha hecho entrega de las dos primeras fases. 
En todo momento se pretende conseguir, mediante una adecuada elección de materiales, y en base a criterios de calidad y confortabilidad, dejar patente nuestra prioridad por elevar el rendimiento de nuestras instalaciones. Como no puede ser de otra forma, el cumplimiento de la normativa, en especial en materia de seguridad, ha sido una de las máximas a la hora de proyectar y diseñar esta ambiciosa reforma. 
A la funcionalidad y reparto de espacios en busca del máximo confort, le hemos añadido nuestra particular idea de lo que significa una decoración sobria y elegante. 
Con esta reforma en sus instalaciones, el Colegio Unamuno confía en poder seguir ofreciendo a nuestros alumnos y a sus familias un entorno que cubra sus más altas expectativas.
Pero lo que realmente está detrás de todo esto, es la generación de los ambientes adecuados que dan sentido a nuestro Proyecto EducativoEl concepto “segundo hogar” que tanto manejamos dentro de nuestra Comunidad cobra una importancia capital en estos momentos.
Un espacio como el que se ha conseguido es el que permite que nuestros alumnos vivan en un lugar donde se respire compañerismo, convivencia, orden, disciplina, reflexión, amistad, ayuda, crecimiento personal, etc; todos ellos son valores fundamentales que se reciben dentro nuestro Internado. 
Un espacio como el que se ha conseguido es el que permite formar y forjar personas.
Un espacio como el que se ha conseguido es el que crea un ambiente donde poder ser y poder estar".
                                                                                                        D. Víctor Pérez Pérez

Imágenes del pabellón y de las habitaciones del Colegio-Internado Unamuno
                    





Breve Reflexión: Convicciones y Circunstancias

La vivencia que se tiene en el encuentro con uno mismo, es una parada en el caminar, una disminución de la velocidad a la que nos lleva el d...